Australia junta ciudades fáciles y cosmopolitas con un continente salvaje: el puerto y las playas de Sídney, los cafés de callejón de Melbourne, la Gran Barrera de Coral, Uluru encendido al atardecer y una costa que no se acaba.
La escala pilla a todo el mundo: es más o menos del tamaño de Estados Unidos continental, con una fracción de las carreteras. Vuela entre regiones, recuerda que las estaciones van al revés y tómate el sol en serio: el UV aquí es más fuerte de lo que sugiere la temperatura.
Las ciudades son fáciles y la tierra no. Sídney y Melbourne te cuidan con café, playas y transporte público. El arrecife, el Red Centre y la Great Ocean Road solo te cuidan si planeas combustible, agua, sombra y un plan B. Ese contraste es el país entero en una frase.
Vuela los tramos largos. Nada entre las banderas. No des propina a nadie. Y dedica al menos una semana a algo que no sea una ciudad: una costa, un parque, un arrecife. Australia es demasiado grande para probarla. Es un sitio del que eliges una loncha y de verdad la saboreas.