Suiza se parece exactamente a las fotos: lagos turquesa bajo cumbres nevadas, trenes que se deslizan ante un paisaje imposible, y pueblos como Wengen y Zermatt donde apenas existen los coches. El Oberland bernés, el lago de Lucerna y el Matterhorn forman el circuito clásico.
Es famosamente cara, pero el truco es saber a dónde va el dinero: los pases de transporte domestican el gasto más grande, un picnic de supermercado con vistas gana a restaurantes mediocres, y las mejores experiencias — senderos, baños en el lago, pasear por el pueblo — son gratis.
Los trenes son la atracción. Una ventanilla en el Bernina, el GoldenPass o un regional humilde subiendo un valle supera muchas 'experiencias' que se pueden comprar. Sal de la estación, elige un sendero marcado y come un picnic de supermercado en un banco que parece un cuadro. Ese es el truco suizo: el país caro con primera fila gratis.
Instálate en un valle — Lauterbrunnen, Grindelwald, Zermatt o la Engadina — y haz excursiones desde allí. Cambiar de hotel cada noche en Suiza es cómo te gastas los Alpes en cintas de equipaje.